Algunos arriba se regocijan de estar presentes.
Otros se retuercen de formas extrañas.
Rostros incrustados entre columnas y capiteles.
Falta un cuarto para las siete
según las campanas del monasterio.
Mi amiga, incompartida, mira la mística puesta de sol.
Mi amiga llora y ríe
y se avergüenza de estar presente en la poesía.
Mi amiga vuelve,
me da la mano
y me la quita, en el mismo acto,
en el mismo recluido claustro del cementerio.
Algunos arriba siguen regocijándose
y se encaprichan en hacer hileras,
otros se alteran y se intercalan entre ábsides y bóvedas.
Mi amiga descifra sueños.
“Los hombres volviendo a las casas.
Las mujeres bañándose en vino
y escondiendo uvas entre los pliegues de sus vestidos."
Mi amiga en desacuerdo con el castigo
que representa estar sola en el monasterio.
”Qué me adoquinen los sentimientos.”
Mi amiga en desacuerdo
con que haya escrito
que es un castigo estar sola en el monasterio.
Algunos arriba construyen arcos de medio punto.
Otros se pintan con acuarelas
y crean cielos grisáceos y mortecinos.
Mi amiga pinta marinas equivocadas
y peregrinos cantando cánticos.
Algunos arriba se condenan regocijándose.
Otros se abrazan y forjan pensamientos de plomo.
Llantos por mi amiga en el monasterio
caen como cenizas de difuntos
de los periódicos del lunes.
Maldita sea.
Tanto escarmiento, tanta venganza y tanta pena.
Hoy ser huésped del ermitaño se considera un castigo.
Qué rompan las ventanas de mi casa.
qué me aplasten ruidosamente.
Mi amiga destripada
en el monasterio callado de sentimientos.
Atención peligro
Mi amiga,
que se llama
imaginación,
es catenaria en tensión.